¿Grandes amores, grandes rencores?

¿Conoces padres e hijos que no se soportan o hermanos que sólo hablan del tiempo o del fútbol? ¿No  te has preguntado alguna vez por qué las mayores rencillas se producen en el entorno familiar? ¿Será que el roce hace el cariño, pero también el odio? Todas estas preguntas han venido a mi cabeza al ver la película Rams: El valle de los carneros.

rams

Resulta muy complicado plasmar en palabras el contenido de una obra audiovisual, más todavía la esencia de lo que quiere transmitir. Ver el tráiler ayuda un poco a hacerse una idea de la atmósfera y el ritmo de la película, que ya avanzo que es sobria y lento, respectivamente.

Creo que la poesía es el único arte que quizá pueda mostrar el drama de estos dos hermanos ganaderos que llevan sin hablarse más de 40 años, Dios sabe por qué. Como siempre, lo importante no es mi calidad literaria -deficiente en todos los aspectos- sino la oportunidad de intercambiar experiencias estéticas contigo, querid@ lector@, para llegar al fondo, a los cimientos, de tal manera que puedan removernos y, en este caso, replantearnos la calidad de las relaciones que tenemos con nuestros seres más cercanos.

Hermano,

Me has decepcionado.

Yo esperaba tanto, tanto, tanto…

Que todo me parecía poco, poco, poco…

A escasos metros de distancia,

vivíamos separados por inmensos bloques de nieve y hielo.

¿Vivíamos?

Sobrevivíamos abrazados a los carneros,

nuestro último consuelo.

¿Quién es Caín? ¿Quién, Abel?

Lástima que haya alcanzado a verlo

cuando ya no queda remedio.

Desnudos en la nieve,

cual dos bebés pequeños,

hoy puedo decirte que te he echado de menos

y que te quiero.

¡Te quiero!

Tú eres mi carnero

y  yo me descongelo.

Abrázame fuerte,

¡abrázame fuerte, hemano!,

que creo que voy a morir de miedo si te pierdo.

(Eva)

Descubriendo el coaching

Apreciad@ lector@,

Hace mucho tiempo que no nos comunicamos contigo. Demasiado, para esta sociedad acelerada y saturada de información. Poco, para el ritmo y la capacidad de asimilación del corazón. En cualquier caso, gracias por seguirnos y por pasarte por aquí de vez en cuando. Nos hace mucha ilusión.

Entre las novedades más destacadas, te contamos que desde enero Eva forma parte del noble manhattangrupo de apoyo (Coaching Support Group) que el instituto de formación en coaching Noble Manhattan ha promovido en Catalunya. El CSG se llama Coaching in Barcelona y cada mes organiza una sesión donde los asistentes aprenden sobre coaching de manera teórico-práctica. Si quieres estar puntualmente informado de todas las novedades, no dudes en suscribirte al blog del grupo.

Barcelona es una ciudad con una gran variedad de propuestas de desarrollo personal, por lo que no encontramos muchas excusas para no buscar el camino que cada uno considere más conveniente. En nuestro caso, estas sesiones mensuales nos vienen muy bien, por muchos motivos. En primer lugar, porque nos ayudan a pararnos y mirarnos por dentro. Puede que esto te parezca innecesario, pero, entre la gran ciudad y las nuevas tecnologías,  resulta complicado hacer silencio en nuestro interior.

Las sesiones organizadas por Coaching in Barcelona también nos sirven para estar al tanto de las últimas novedades del mundo del coaching, una palabra que se ha puesto de moda, para bien y para mal. Si nos quedamos con lo positivo, estar al tanto de lo que sucede en el mundo del coaching nos sirve para conocer cuáles son las últimas tendencias en desarrollo personal.

noble manhattanY en tercer lugar, pero no en el último, mantener una continuidad permite establecer relaciones estables y profundas, algo que todos anhelamos en lo más profundo de nuestro corazón y que nunca podrán suplir las nuevas tecnologías. Por mucho que nosotros queramos compartir a través de este blog nuestras ideas y experiencias contigo, y viceversa, ninguna pantalla puede sustituir el cara a cara, la mirada a mirada, el abrazo a abrazo… El corazón no se comunica mediante unos y ceros.

Ojalá que puedas pasarte alguna vez y podamos conocer tu rostro, tu mirada, la manifestación de tu alma. Mientras tanto, contamos contigo a través de Renacimientos. ¿Te animas a compartir con nosotros cómo han ido tus últimos meses? Aquí te escuchamos.

Hacer nuevas todas las cosas… y personas

He terminado mi tesis doctoral. Ha concluido un ciclo muy largo, tal vez demasiado, y conviene saborearlo, digerirlo y expulsarlo. Ha llegado el momento de venirse adentro y escucharse. Y cuánto cuesta pararse cuando se ha trabajado de sol a sol, a diario y fines de semana. Cuánto cuesta quedarse quieto, aquietar la mente y aquilatar lo que se ha experimentado.

Todavía necesito de los libros para encarar ese proceso. ¿Defecto profesional? Ya he encontrado algunos títulos que quiero leer con detenimiento, con discernimiento. Uno se titula “Biografía del silencio”, de Pablo D’Ors. Otro, “Descanser. Descansar para ser”, de José María Toro. Seguro que aparecen algunos más. De hecho, ya han aparecido. Este domingo estuve en un mercadillo y encontré “Invitación a la sabiduría”, de Raimon Panikkar.

Ojeando sus páginas, he encontrado una frase que me ha llegado adentro. Es una cita de la Biblia que aparece en la introducción del libro de José María Toro (acceso gratuito en el enlace):

“Mirad que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5)

Me ha gustado porque, cuando termina un ciclo, uno tiende a plantearse si quiere seguir o no por el mismo camino. El autor explica que a veces se puede cambiar todo, pero que a veces no hace falta, que tan sólo hay que encontrar la forma de ver las mismas cosas con ojos nuevos, con una nueva perspectiva.

Veremos qué da de sí el proceso. De momento, pienso en la gente que he dejado de lado durante tantos años. Ellos y ellas me recuerdan que he dedicado demasiado tiempo a la cabeza y muy poco al corazón. Ellos me recuerdan que he de recuperar el equilibrio perdido. Por eso, he reformulado la frase y la he adaptado a mi momento:

“Mirad que hago nuevas todas las personas”

Sí, ya os conozco y me conocéis. No, ya no sois ni soy la misma persona. Mirémonos de nuevo, con nuevos ojos, con el corazón puro y abierto. Os pido perdón por la ausencia. Os he echado de menos. Estoy volviendo.

 Eva Jiménez Gómez

¿Y de qué sirve estresarse?

Demasiado tiempo sin escribir. Demasiado tiempo bajo el estrés. Estrés, estrés, estrés. La palabra viene del griego, pero la tomamos del inglés. Pobres anglosajones y pobres de nosotros que seguimos sus pasos sin cuestionarnos hacia dónde vamos. estres

En realidad, el estrés no es bueno ni malo, es simplemente una señal que nos envía nuestro cuerpo en forma de sudor, taquicardias, respiración entrecortada, dolores de cabeza, insomnio, problemas alimenticios y otros síntomas de tal pelaje. En su justa medida, nos ayuda a ponernos a tono, a encarar los retos de la vida con más eficacia y determinación, a querer superarnos un poco más cada día. Vamos, vamos, vamos, resolvemos esto y pasamos a otra cosa, mariposa.

El problema, el problema que todos conocemos bien, es que vivimos en sociedades donde se están rebasando los niveles adecuados y, por tanto,  de eficientes estamos pasando a ser “deficientes”. Entre comillas, porque en realidad nadie lo es, o todos los somos en cierta medida desde el punto de vista capitalista, que quiere cada vez mayores beneficios al precio que sea. Al precio de la salud de las personas. Desde un punto de vista más global, más humano, el exceso de estrés nos agota, nos cansa y nos deja más débiles para afrontar los retos personales y profesionales.

La tentación, la gran tentación de nuestro tiempo, es intentar mitigar los síntomas. Que si un poco de deporte, que si un poco de fiesta alocada, que si una pastillita, que si alguno ya se ha metido alguna droga… Mala cosa, mala cosa. Porque no vamos a la raíz del problema y porque podemos generar problemas mayores. Y, lo peor, un buen día el estrés se convierte en algo crónico, que está ahí, que ya no notamos porque ha pasado a formar parte de nuestro ser, como el pelo o las uñas. Me fijo en ellos y los cuido cuando me molestan demasiado, y poco más.

¿Y cuál es la raíz del problema? ¿Dejar de trabajar? ¿Retirarse a una pequeña granja y vivir de manera autosuficiente? A alguno le servirá este sistema, pero me temo que no a la gran mayoría, a los que les guste su trabajo o a los que no quieran renunciar a la estabilidad y a los servicios que ofrece la gran o pequeña ciudad. Como casi siempre, la verdadera solución no está fuera sino dentro de nosotros mismos.

Párate, párate, párate. Te garantizo que el tiempo que inviertas ahora en ti mismo, en ti misma, lo recuperarás después. Es así y lo sabes. No por dedicar muchas horas a una actividad consigues hacerla mejor ni más rápido. Párate y luego vuelves sobre ello. Seguro, pero seguro, que te va mucho mejor.

Párate y piensa, piensa, piensa. ¡Hoy sí que es difícil pensar, madre mía! Y, como es tan difícil, coge lápiz y papel y escribe, escribe, escribe. ¿Cuándo te estresas? ¿En qué circunstancias? ¿Más en la familia o en el trabajo? ¿Más en determinados momentos del día que en otros? ¿Más en determinados periodos del mes o del año? Párate, piensa, escribe y ata cabos. ¿Qué tienen en común todos esos momentos?

Igual generalizamos demasiado, pero una raíz importante del estrés se encuentra en la falta de confianza en uno mismo. Como uno no confía demasiado en sí mismo, cualquier dificultad objetiva se agranda con la inseguridad subjetiva. He de hacer esto, que ya de por sí es complicado, y he de demostrarme que puedo hacerlo, que puede ser imposible si somos muy exigentes con nosotros mismos. Y si no lo demuestro, oh Dios mío, soy un fracasado, soy una fracasada.

Si profundizas un poco más, suponiendo que hayas llegado hasta aquí, nos encontraremos con papá y mamá. Sí, casi todo lo que somos se explica por cómo nos han tratado nuestros padres, te guste o no te guste. Así que intenta recordar, sin juzgar, sin odiar, sólo intenta recordar quién o quiénes te hicieron creer que debías superar ciertos retos, ciertas pruebas, para considerarte valioso, digno de afecto.

Este proceso puede llevarte días, meses y años, así que no te extrañes si, después de leer este post, todo sigue como antes. Lo importante, lo que nosotros simplemente queremos comunicarte, es que te plantees si vives o no estresado y si no crees que te mereces una vida mejor. Y, si crees que te la mereces, te tomes en serio y empieces a bucear en tu interior. Recuerda nuestro lema, ¡nunca es tarde para nacer de nuevo!

Imagen tomada de aquí.

Sin miedo a las turbulencias: qué pasa cuando salimos de nuestra zona de confort

Me pregunto cuántas personas habrán comenzado el año cargadas de buenos propósitos y cuántas estarán en proceso de cumplirlos. Ojo, no me refiero a esos deseos bienintencionados que se cruzan por nuestra mente mientras nos tomamos las uvas de Fin de Año, a modo de estrellas fugaces en una noche de verano. Esas aspiraciones son demasiado genéricas, demasiado etéreas y evanescentes como para poder apresarlas y reconducirlas por el camino del éxito. Yo me refiero a proyectos, a planes planificados y concretos que requieren tiempo y energía durante un periodo prolongado de tiempo. Que requieren salir de lo que se llama nuestra zona de confort y que, si conseguimos mantenernos en nuestro objetivo, nos transformarán en una persona más completa, más íntegra, mejor.

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Supongamos que aprovechamos las Navidades pasadas para algo que, atención publicidad, es el leitmotiv de este blog: nacer de nuevo, emprender nuevos senderos vitales confiando en que estos nos ayudarán a sacar lo mejor de nosotros mismos, a exprimirle a la vida todo su jugo. Empezamos con mucha ilusión y cuidado, como esos montañeros cuando planifican su ascenso a la cumbre. Con la mochila ya a cuestas, la visión de la montaña nos cautivó y nos dio fuerzas para emprender la marcha. Y ahora, en medio del camino, donde ya no vemos ni el inicio del sendero ni el refugio que nos espera, las fuerzas comienzan a flaquear y dudamos de nuestra potencia. Y recordamos aquellas montañas que no pudimos subir en el pasado. Y, para colmo, comienza a llover y nos enfriamos.  Entonces, nos tropezamos y exclamamos: “¡Pero quién me mandaría a mí complicarme la vida!”. Y el eco rebota, rebota y rebota en el fondo de nuestro ser. Señoras y señores, hemos entrado en zona de turbulencias, un espacio turbio y agitado donde el miedo, qué digo el miedo, el pánico se apodera de nuestra mente y sentimos que nuestro objetivo se nos escurre de las manos. Y aparece el dilema, el gran dilema: ¿tiramos la toalla o continuamos?

Como siempre, no hay recetas y cada uno debe plantearse qué nivel de sufrimiento puede llegar a tolerar sin perder la salud física o psicológica. Pero antes de tomar una decisión, veamos con algo más de detalle qué es lo que ha podido ocurrirnos.

Cualquier desafío que (insisto) realmente lo sea, requiere un extra de energía física y psicológica. Al principio, como nos sentimos fuertes y muy motivados, no nos damos cuenta, pero el tiempo pasa y el desgaste resulta inevitable. En esta fase, por tanto, ha podido ocurrir que, o bien nos hemos planteado un reto que excede nuestra capacidad, o bien no hemos sabido regenerar nuestras fuerzas adecuadamente. En el primer caso, mucho cuidado, porque las personas más exitosas no suelen dudar de sí mismas. Lo que sí que hacen y consiguen, no sin esfuerzo, es buscar un equilibrio entre lo que son y lo que quieren. Ahora mismo me vienen a la cabeza esos jóvenes discapacitados físicos que practican deportes de riesgo; o esos jóvenes discapacitados sensoriales que se sacan una carrera universitaria. El segundo supuesto, el más frecuente, requiere examinar con cuidado nuestro calendario y comprobar si nos hemos descuidado física o psicológicamente. Desde el punto de vista físico, la alimentación y el descanso resultan fundamentales. Y, psicológicamente, puede que te hayas olvidado de ti mismo, de lo que necesitas para disfrutar de la vida. Hasta aquí, las posibles causas del desfallecimiento.

La etapa de turbulencias propiamente dicha se caracteriza por una gran confusión y agitación. No sabes qué te pasa, pero no estás bien. Tu mente comienza a llenarse de pensamientos negativos, muchas veces inconscientes, que debilitan tu voluntad y te hacen tropezar, a modo de piedras en el camino. Fallas un día, fallas otro y empiezas a ponerte en lo peor: “No lo voy a conseguir”. Y, como estás tan negativo, todo lo interpretas en dicha clave. Aquella mirada, aquella palabra, aquel silencio, aquella situación… Todo sirve para regodearse en las malas experiencias pasadas y confirmarte lo único que puedes escuchar en ese momento: “Soy un desgraciado”, “me estoy engañando”, “soy un fracasado”. ¿Cómo salir de este círculo vicioso? Rompiéndolo. Párate (párate, párate) y deja de hacer lo que “tengas que” hacer. Si es fin de semana, mejor, que para eso está. Si no, ya sabes que dos horas matemáticamente “perdidas” hacen que luego otras dos te cundan como cuatro. Quiero decir, que el tiempo invertido en calmar tu mente se te devolverá con creces en forma de concentración. Párate y regálate algo que te guste hacer: ver una película, nadar, salir a bailar, conversar con un amigo, escribir, pintar, patinar… Párate y siente (siente, siente) que la vida es algo más que sufrir por metas que uno mismo se ha propuesto alcanzar.

Ay, cómo cambia la vida cuando te paras, sacas el bocata y disfrutas de una buena conversación en plena naturaleza. Ah, hace un momento la vida no tenía ningún sentido para ti y ahora todo es sentido: el verde, el intenso verde, de los árboles, el piar de los pájaros, el murmullo de las ramas meciéndose al ritmo del viento, las gotas de la lluvia mojando tu cara, el sonido de las piedras cuando ruedan… ¿¡Las mismas piedras que antes te obstaculizaban el camino!? Se han disipado todas las dudas. Es hora de coger la mochila y continuar hacia nuestro destino.

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Si te cuesta pararte y serenarte, aquí tienes un vídeo donde Rosetta Forner comparte contigo algunas técnicas para relajarte.

 Imagen tomada de aquí

Coaching para equipos, una herramienta para el diagnóstico y la resolución compartida de problemas en la empresa

El coaching se ha puesto de moda. Parece que ahora nos estamos dando cuenta de la importancia  de desarrollar herramientas que faciliten el desarrollo de profesionales, por un lado;  y de directivos, por otro. ¿Y qué ocurre en medio? ¿Cómo se relacionan las diferentes personas que constituyen la empresa? El coaching para equipos nace precisamente para dar respuesta a esa carencia.Consejos-para-la-reunión-de-trabajo

En el coaching para equipos pueden interactuar directivos y empleados delante de un coach especializado en esta área. Esto ya de por sí supone un gran avance, ya que normalmente las empresas suelen invertir tiempo y recursos únicamente en los directivos. Se suele creer, erróneamente a mi juicio, que la mejora de un técnico o colaborador no genera valor añadido a la empresa.

Una vez seleccionados los participantes, comienza propiamente el proceso de coaching. Se trata de una cuestión delicada, ya que consiste fundamentalmente en un proceso libre y abierto en el cual no se estipulan los temas. El coach interviene sobre todo para establecer un pacto entre las personas que inician la experiencia: respeto, igualdad de los participantes, secreto profesional de lo que allí se exprese y cuestiones técnicas sobre el modo de funcionamiento. A partir de ese momento, se establece una conversación entre los participantes sobre las cuestiones que les preocupan, inquietan, molestan, etc. Y el coach sólo interviene como facilitador, estimulador y moderador en caso de conflicto.

En este tipo de experiencias se trabajan actitudes vitales para el buen desarrollo de la empresa, como la escucha activa, el diagnóstico compartido de los problemas, estrategias para su resolución y, sobre todo, el encuentro entre personas que no hablan desde el ego sino desde la pertenencia a un colectivo, a una empresa común. Sólo desde ese espacio de confianza es posible que surjan propuestas eficaces y realmente innovadoras.

Lamentablemente, muchos equipos directivos sólo se deciden a contratar un servicio de Coaching para equipos cuando han entrado en una situación crítica o han quemado a las personas que trabajan a su servicio. Es decir, se actúan de forma reactiva en vez de proactivamente. Tal ver porque lo ven como un mecanismo de control, vigilancia o valoración de un profesional externo a la empresa. Este miedo se puede mitigar si el Departamento de Recursos Humanos marca algunas condiciones mínimas.

Sea como fuere, mi formación en esta herramienta me permite recomendarla sin dudarlo, pues contribuye al conocimiento de las personas que constituyen la empresa y, por tanto, al conocimiento de la fortalezas y debilidades de la institución. También porque, como he comentado, facilita la generación de un clima de confianza que hará que tanto directivos como trabajadores se hallen más motivados y, por tanto, sean más productivos. Y si no mejoramos como trabajadores, al menos nos ayudará a conocernos mejor y a ser más consecuentes de nuestros actos.

Eduardo Pérez Cuadrado

Imagen tomada de aquí

Todo está dentro de ti. Inspiración socrática otoñal

Me gusta ver caer las hojas de los árboles y escuchar al viento masajear las ramas. Cae una hoja, cae otra, cae una tercera, cae un puñado más… Y el árbol se desprende de todo lo superfluo y se queda con lo esencial para afrontar un momento crítico, la llegada del invierno. Todo lo importante lo guarda dentro.

En momentos difíciles, a veces se nos olvida que lo más importante que podemos hacer para solucionar cualquier problema es mantener la calma y mirar hacia dentro. El sabio Sócrates afirmaba que lo más importante en la vida era conocerse a uno mismo, que con eso ya estaba casi todo resuelto. Yo también lo pienso.

OTOÑO (1)

Pararte, tranquilizarte, serenarte, contemplarte e ir dejando caer los sentimientos y los pensamientos, como las hojas otoñales, para llegar a quedarte con la esencia, con el tronco asentado en sus raíces. Tu yo más auténtico, lo que eres y lo que has aprendido a lo largo de tu vida, te facilitará las claves del problema, las preguntas y las respuestas.

No será fácil. Sócrates decía que dentro de él habitaba un daimon, una especie de demonio o conciencia superior. Me pregunto si a veces perdía la calma y la alegría, acosado por preguntas impertinentes, aquellas que le hacían sentirse ignorante, inútil, incoherente, avergonzado, resentido, culpable… Y si a veces se sentía transportado a una dimensión superior que le permitía contemplar la vida desde un lugar más verdadero, profundo y sanador, difícil de traducir en palabras.

Tal vez por eso no dejó nada escrito, tal vez por eso nos obsesionamos con el lenguaje.  He de hablar con… He de leer sobre… He de apuntarme a… Es tan fácil caer en la tentación de buscar fuera lo que está dentro… Tan fácil querer buscar una receta que nos ahorre el esfuerzo de pararnos y escucharnos por completo…

Todo está dentro de ti. Los demonios y la savia que te renueva. Tú eres el único que sabe lo que te preocupa, lo que te asusta, lo que te amarga, lo que te revienta. Y tú eres el único que puede hacerle frente. Eres un árbol fuerte. Tal vez has perdido algunas ramas y hojas en el camino, tal vez no has conseguido todos los frutos que esperabas, pero estás vivo, has decidido vivir y quieres seguir viviendo. No temas la llegada del invierno.

Eva Jiménez Gómez

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Si te cuesta dejar atrás lo que ya no te sirve o te hace daño, aquí tienes un vídeo donde Hale Dwoskin explica el Método Sedona, una herramienta que se basa en la triple aceptación:

  • Aceptar, reconocer sin juzgar, aquello que te molesta, te preocupa, te hace daño…
  • Aceptar, reconocer sin querer cambiar, arreglar o controlar lo anterior…
  • Aceptar, reconocer tu verdadera identidad, saber que tú no te reduces a lo que has sufrido, vivido u otros han dicho o dicen de ti…

Porque, como afirman en el vídeo, “no hay nada que necesites hacer ni ninguna parte a la que necesites ir para ser lo que ya eres“.

Imagen tomada de aquí.